Dos días en Lima y ya tengo una ampolla en el pie de tanto patearla. El viernes 22, día de mi llegada tuve una primera toma de contacto con la plaza de Armas y Plaza de San Martin. Hoy, ha sido bien distinto. He tomado un "carro" (autobús) hasta Miraflores y horas después para Barranco, dos barrios que nada tienen que ver con el centro de Lima.
Miraflores me puso en contacto visual y sonoro con El Océano Pacifico por primera vez desde lo alto de un conjunto de acantilados fantásticos. La vista es espléndida pero deslucida por la tristeza del día y que tan habitual es en Lima, sempiternamente cubierta de nubes que actúan de barrera para que luzca el sol. Miraflores tiene un centro urbano moderno y se nota un nivel económico superior; buenos edificios, muchos negocios, bancos para aburrir (por algo será) y la gente viste mucho mejor de lo normal. Y sin animo de parecer vulgar diré que las mujeres allí eran más guapas que la media, con diferencia. Queda para la reflexión.
Tiene Miraflores un parque dedicado al amor, sobre los acantilados y también con una vista sobre la mar fantástica. Abajo pueden verse un gran número de surfistas y sobre la cabeza, continuamente se mueven los parapentes llevando turistas y dando envidia a mucha gente. Me quede con las ganas pero menos, teniendo en cuenta que hacía pocos días volé en uno allá en Portugal.
Tomé un autobús hacia mi siguiente destino.
Me encantó Barranco, Visite el Museo de la Electricidad, disfrute de su plaza, sus casitas bajas y muy coloreadas que le dan un cierto aire bohemio. Comí aquí mi primer ceviche, de pescado, en este caso y luego me fui a dar un paseo hacia un mirador al final de los dos barrancos que componen una depresión, donde Chabuca Granda pasó parte de su niñez, y que supongo que son origen del nombre de este barrio. Un lugar recomendable este de Barranco para pasar unas horas paseando y disfrutándolo.
Y de nuevo al bus para volver al centro de Lima donde me esperaba una tarde de inesperadas sorpresas
Camine desde la Plaza dos de Mayo hasta la Plaza San Martin por la calle Nicolás de Piérola donde se pueden encontrar incontables tiendas de instrumentos musicales, hay de todo. Una de las curiosidades de Lima es ver como determinadas calles o zonas se especializan en ventas de artículos de una determinada rama, oficio, servicio etc. He visto calles donde se vendía material sanitario, o en otras máquinas para hacer helados. Parece un buen invento, así cuando busques algo concreto no has de ir de un lado a otro de la ciudad.
Al entrar en la Plaza S. Martin me llamó la atención dos aglomeraciones de personas y de entrada imagine que eran predicadores de alguna religión. Pues no, en una había un perfecto foro de debate filosófico donde la mezcla de opiniones que iban de la política a la religión o reflexiones de cualquier tipo. Realmente me sorprendió porque nunca vi tal cosa en ningún lugar, La cuestión es que la gente, toda del pueblo llano, intervenía libremente y sin cortarse en absoluto. El moderador, orador y no sé cómo mas calificarlo era un tipo con una verborrea espectacular así que ya tenía su cuota de parroquianos adeptos. Y lo más cachondo y llamativo es que me cuentan que esto se hace cada día desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche aproximadamente.
Fue aquí donde conocí a Roberto, un ciudadano de Lima, de sesenta años y profesor de artes plásticas. Él estaba allí escuchando y yo quería despejar mis dudas así que entablamos conversación. Estuvimos en el foro de al lado, este, estrictamente político y casi monográfico sobre la problemática de un proyecto minero en Tía María que enfrenta a dos bandos y que el día 6 de mayo dejo un policía muerto por los golpes recibidos de los manifestantes. Pues bueno, que este foro de la plaza estaba bien calentito y los múltiples intervinientes eran realmente bravos y cabreados.
No pensaba ver nada más del centro de Lima pero Roberto empezó a ejercer de Cicerone y como artista y apasionado del arte acabo dándome una visita magistral a través de una y mil calles de Lima visitando cualquier monumento, iglesia o edificio con interés cultural. Casi aprendi a diferenciar lo que es un cuadro tratado con pan de oro a otro pintado al acrilico, o a reconocer el estilo colonial en las fachadas..., en fin. Acabamos compartiendo unas cervezas y un buen bocadillo no antes de haber pasado por el afamado Barrio Chino que es verdaderamente bullicioso, colorido y peculiar.
Y este rollo mío acaba hoy domingo yendo a visitar un museo, el único al que mi ajetreada estancia en Lima me ha permitido visitar. Me refiero al Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Pueblo Libre, donde el amigo Roberto siguió ilustrándome durante el largo periodo de la visita.
Acabe el día con un empacho cultural del carajo así que para despejarnos fuimos a compartir unas copas de un buen vino de esta tierra.
Y por fin me decidí a montar la bicicleta, que hasta este momento aun dormía dentro de la caja que la trajo desde España. Mañana es lunes y sigo con los preparativos de meter el equipaje en las alforjas porque el martes, muy tempranito me lio a dar pedales en dirección al sur, por la Panamericana.
Dejo aquí un ENLACE A LAS FOTOGRAFIAS tomadas en Lima que ilustran mucho mejor lo que yo acabo de escribir
Miraflores me puso en contacto visual y sonoro con El Océano Pacifico por primera vez desde lo alto de un conjunto de acantilados fantásticos. La vista es espléndida pero deslucida por la tristeza del día y que tan habitual es en Lima, sempiternamente cubierta de nubes que actúan de barrera para que luzca el sol. Miraflores tiene un centro urbano moderno y se nota un nivel económico superior; buenos edificios, muchos negocios, bancos para aburrir (por algo será) y la gente viste mucho mejor de lo normal. Y sin animo de parecer vulgar diré que las mujeres allí eran más guapas que la media, con diferencia. Queda para la reflexión.
Tiene Miraflores un parque dedicado al amor, sobre los acantilados y también con una vista sobre la mar fantástica. Abajo pueden verse un gran número de surfistas y sobre la cabeza, continuamente se mueven los parapentes llevando turistas y dando envidia a mucha gente. Me quede con las ganas pero menos, teniendo en cuenta que hacía pocos días volé en uno allá en Portugal.
Tomé un autobús hacia mi siguiente destino.
Me encantó Barranco, Visite el Museo de la Electricidad, disfrute de su plaza, sus casitas bajas y muy coloreadas que le dan un cierto aire bohemio. Comí aquí mi primer ceviche, de pescado, en este caso y luego me fui a dar un paseo hacia un mirador al final de los dos barrancos que componen una depresión, donde Chabuca Granda pasó parte de su niñez, y que supongo que son origen del nombre de este barrio. Un lugar recomendable este de Barranco para pasar unas horas paseando y disfrutándolo.
Y de nuevo al bus para volver al centro de Lima donde me esperaba una tarde de inesperadas sorpresas
Camine desde la Plaza dos de Mayo hasta la Plaza San Martin por la calle Nicolás de Piérola donde se pueden encontrar incontables tiendas de instrumentos musicales, hay de todo. Una de las curiosidades de Lima es ver como determinadas calles o zonas se especializan en ventas de artículos de una determinada rama, oficio, servicio etc. He visto calles donde se vendía material sanitario, o en otras máquinas para hacer helados. Parece un buen invento, así cuando busques algo concreto no has de ir de un lado a otro de la ciudad.
Al entrar en la Plaza S. Martin me llamó la atención dos aglomeraciones de personas y de entrada imagine que eran predicadores de alguna religión. Pues no, en una había un perfecto foro de debate filosófico donde la mezcla de opiniones que iban de la política a la religión o reflexiones de cualquier tipo. Realmente me sorprendió porque nunca vi tal cosa en ningún lugar, La cuestión es que la gente, toda del pueblo llano, intervenía libremente y sin cortarse en absoluto. El moderador, orador y no sé cómo mas calificarlo era un tipo con una verborrea espectacular así que ya tenía su cuota de parroquianos adeptos. Y lo más cachondo y llamativo es que me cuentan que esto se hace cada día desde las 6 de la tarde hasta las 11 de la noche aproximadamente.
Fue aquí donde conocí a Roberto, un ciudadano de Lima, de sesenta años y profesor de artes plásticas. Él estaba allí escuchando y yo quería despejar mis dudas así que entablamos conversación. Estuvimos en el foro de al lado, este, estrictamente político y casi monográfico sobre la problemática de un proyecto minero en Tía María que enfrenta a dos bandos y que el día 6 de mayo dejo un policía muerto por los golpes recibidos de los manifestantes. Pues bueno, que este foro de la plaza estaba bien calentito y los múltiples intervinientes eran realmente bravos y cabreados.
No pensaba ver nada más del centro de Lima pero Roberto empezó a ejercer de Cicerone y como artista y apasionado del arte acabo dándome una visita magistral a través de una y mil calles de Lima visitando cualquier monumento, iglesia o edificio con interés cultural. Casi aprendi a diferenciar lo que es un cuadro tratado con pan de oro a otro pintado al acrilico, o a reconocer el estilo colonial en las fachadas..., en fin. Acabamos compartiendo unas cervezas y un buen bocadillo no antes de haber pasado por el afamado Barrio Chino que es verdaderamente bullicioso, colorido y peculiar.
Y este rollo mío acaba hoy domingo yendo a visitar un museo, el único al que mi ajetreada estancia en Lima me ha permitido visitar. Me refiero al Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Pueblo Libre, donde el amigo Roberto siguió ilustrándome durante el largo periodo de la visita.
Acabe el día con un empacho cultural del carajo así que para despejarnos fuimos a compartir unas copas de un buen vino de esta tierra.
Y por fin me decidí a montar la bicicleta, que hasta este momento aun dormía dentro de la caja que la trajo desde España. Mañana es lunes y sigo con los preparativos de meter el equipaje en las alforjas porque el martes, muy tempranito me lio a dar pedales en dirección al sur, por la Panamericana.
Dejo aquí un ENLACE A LAS FOTOGRAFIAS tomadas en Lima que ilustran mucho mejor lo que yo acabo de escribir
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