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domingo, 5 de julio de 2015

POTOSI (Valer un Potosì)

Si yo te hubiera de pagar, Sancho -respondió don Quijote-, conforme lo que merece la grandeza y calidad deste remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote".
Miguel de Cervantes Saavedra,"Don Quijote de la Mancha"

Potosí, donde me encuentro fue en tiempos de la colonización española una ciudad de importancia capital por su riqueza, que se extraía de las minas del Cerro Rico en forma de mineral de plata. Y es por ello que Cervantes alude a esta ciudad en su Don Quijote de la Mancha. Los españoles de la época, disfrutaban en Potosí de un lujo increíble y hasta obsceno si se tienen en cuenta la cantidad de nativos y esclavos importados que murieron durante la explotación de las minas. Una historia par recordar y superar, pero no para olvidar.

Mi ultima entrada al blog fue en Uyuni, ciudad desde la que partí un amanecer soleado en lo que comenzarla siendo varias jornadas duras de ciclismo hasta llegar a Potosí.

Uyuni me despidió con una sinuosa y prolongada subida. Allá abajo quedaba una vista del pueblo y del Salar. La cuestecita del carajo me dejó bien tocado para el resto del día, si bien me permitió llegar por llano hasta Ticatica, donde pernocté en el único alojamiento del pueblo. Y como es habitual, tuve que "tragar" con semejante bodrio y además, pagar. Compartí lugar y cena con una pareja de holandeses que llevan diez meses recorriendo Sudamérica desde el sur de Argentina. Al menos pudimos charlar sobre nuestras experiencias porque los nativos siguen resintiéndose al diálogo y me dan poca cancha.

De nuevo otra subidita de las narices al arrancar la jornada del día siguiente. Salí una hora antes que los holandeses así que marqué mi propio ritmo, que fue lento, no solo por la dureza del trazado sino porque ya empieza a hacer huella en mi el cansancio acumulado. Fue una de las etapas más duras de este viaje. Un sube y baja rompedor de piernas que me dejaron muy cansado a la llegada a Chaquilla donde me quedé a dormir. Los holandeses siguieron 20 km. más y ya no volvimos a coincidir.

De nuevo tuve que aceptar el alojamiento que me ofrecieron, del mismo corte, cutre y falto de higiene. 
"Discreta" entrada al "aseo"
Interior del "aseo

Patio y puerta abierta a mi dormitorio
Me envolví en mi saco de dormir y me eché en la cama tapado con dos mantas. Hizo una noche de frío intenso, tanto que amaneció con hielo en los ríos y una leve nevada que dejo una estampa blanca en el entorno.

La verdad es que miré mucho al cielo antes de decidirme a arrancar por la mañana. Muchas nubes y ni rastro del sol tan deseado. Afortunadamente, el tiempo me respetó y pude moverme entre montañas en un sube y baja de ladera en ladera y de cerro en cerro. 

Los ocho últimos kilómetros antes de chaquilla fueron propios de un desierto. Aquí hay mucho llano, mucha arena y viento; y todo ello se confabuló para atacarme frontalmente como demuestran las fotos y los pequeños vídeos que grabé. Me costó Dios y ayuda recorrer esos últimos kilómetros.
                                                      VIDEO1     VIDEO  2

Y aquí cumplo dos días sin poderme duchar. Duermo incluso vestido, dentro del saco. Menos mal que no hago vida social porque en la distancia corta debo oler un poco mal.

Llevo muchas jornadas, desde los días de Cuzco y Potosí, que no bajo de los 3850 m.s.n.m. y eso afecta al cuerpo porque sigue faltándome oxigeno. Por eso, aquí en Potosí, he decidido tomarme dos días de descanso y recuperarme no solo de la fatiga, sino también del intenso frío que he pasado. Hoy si, me he gastado el dinero, pero tengo un lugar decente donde descansar.

Lo he dudado un poco pero finalmente voy a ir de visita a una de las antiguas minas de plata y meterme en sus entrañas como un minero más.
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Como nota curiosa debo decir que en estas ultimas etapas he visto miles y miles de llamas pastando por el altiplano.
Las señales de advertencia sobre el cruce de estos animales son tantas que aburre verlas. Me gusta pasar cerca de ellas y comprobar con qué parsimonia caminan y el grado de indiferencia con que miran hacia el viajero, hasta con cierto desdén, diría. Caso contrario es el de las vicuñas que salen corriendo al trote, como aterrorizadas.

Y la fauna también es llamativa. Esto esta desértico así que los cactus y el bajo matorral es abundante. Hay unos arbustos algo mas altos que parecen pequeños árboles y, al igual que los cactus, están provistos de una púas absolutamente amenazadoras. A veces están tan cerca entre sí que se tocan, pero imagino que entre plantas poco daño se harán.


ENLACE a fotografias




sábado, 4 de julio de 2015

SALAR DE UYUNI (todo un desierto)

El salar de Uyuni es el mayor desierto de sal continuo y alto del mundo, con una superficie de 10 582 km².

El Salar de Uyuni, es sin lugar a duda uno de los grandes iconos de Bolivia, quizá el que más para una gran mayoría de viajeros. Es por mèrito propio algo sorprendente, grande, hermoso; aquí, la Naturaleza se ha lucido y nadie que lo visite se queda indiferente.

Yo elegí venir hasta el Salar a propósito, aunque ello me ha costado sudores y tragar polvo de una carretera en obras y que transcurre por el altiplano, llano y desértico. Podría haber llegado directamente en bicicleta pero después de sopesarlo bien opte por un paquete de una agencia local que me ofrecía ver cosas que de otro modo seria mucho mas complicado. De todos modos pude llevar mi propia bicicleta y rodar sobre la superficie de sal y participar de esas raras sensaciones que se perciben.


Pasadas las 10:30 de la mañana, partimos en el 4x4 de la empresa Oasis. Éramos cinco personas con el mismo deseo de pasar casi dos días dentro del salar: Dos chicas uruguayas, dos jovencísimas japonesas azafatas de Kuwait Airlines y yo mismo, en plan lobo solitario. El coche y el conductor estuvieron a nuestra entera disposición hasta el día siguiente que nos devolvió a Uyuni sobre las cinco de la tarde.

Iniciamos la gira yendo de visita al cementerio de trenes.

Ahora son tan solo un montón de chatarra oxidada con tintes fantasmagóricos. Antes formaron parte de un pasado industrial que no llegó a prosperar y que hoy son destino turístico de todos los visitantes de Uyuni.

Partimos después hacia Colchani, lugar de entrada al Salar.



Parada obligada para que se compren recuerdos “hechos” de sal; lo entrecomillo porque según me dicen es una mezcla de sal y cemento blanco, cosa que suelen callar para que el turista no se sienta decepcionado y no deje de comprar. Y como todo es un mercadeo ya te avisa el conductor que ir aquí al baño te va a costar 2 bolivianos y en el salar 5. Allí todo es mas caro, descaradamente, así que había que aprovisionarse de agua.

Continuamos viaje y nos detuvimos a tomar el almuerzo en un antiguo hotel hecho de sal que se ha quedado convertido en un modesto museo de unas mas que modestas creaciones de animales y otros objetos hechos de sal, en este caso sin la mezcla del mencionado cemento. Hay un monumento dedicado al Rally Dakar así que la sesión de fotos comenzó ahí y continuó en un lugar donde los viajeros van dejando banderas de sus países clavadas en el suelo. El almuerzo lo puso la organización y fue de lo mas frugal y frío. Al menos probé la carne de llama por primera vez.


A continuación visitamos lo que para mi es la joya del Salar de Uyuni: La Isla Incahuasi (casa del inca).



Hubo que pagar 30 bolivianos para entrar en ella pero merece la pena por ver esa enorme cantidad de cactus de hasta ocho metros y las vistas que se divisan desde su punto mas altode la isla.


Y continuamos viaje por una hora camino del albergue de pernocta, dentro del salar, en el poblado que hay a pie del volcán Thunupa. Cena, acostarse tempranito, pasar frío porque las condiciones del albergue son bastante malas (hay que llevar saco de dormir) y a madrugar para ver el amanecer.

Cena de mi grupo y tres hermanas mexicanas residentes en Texas
Mi vecina de habitaciòn ataviada para dormir bajo un intensisimo frio
A las seis de la madrugada sonaron las alarmas y partimos hacia el salar a la espera de que apareciera el sol. La dos chicas japonesas se dieron la vuelta pues hacia una temperatura muy baja y ellas carecían de ropa de abrigo. Lo cierto es que estaban muy mal informadas y llegaron sin el equipo adecuado. Y afortunadamente para ellas, Marina, una de las uruguayas hablaba ingles a muy buen nivel, porque la organización no tuvo en cuenta su falta de comprensión del español.

El amanecer es espléndido pero ninguna imagen de las que tomamos puede hacer justicia. Es un momento efímero pero lleno de contrastes y tonos anaranjados que bien mereció la espera y el frio.


La siguiente actividad fue subir en el todo terreno varios cientos de metros por la ladera del volcán para visitar una cueva que conserva esqueletos de una familia que vivió allí hace no se cuantos cientos de años. Me pareció interesante aunque un poco macabro.

Lo mejor eran las vistas sobre esa enorme superficie blanca que invitaban a sentarse sobre una roca y contemplarlo bajo el calor del sol de la mañana. Fantástico¡¡.

Comenzamos la retirada hacia la ciudad parando en un punto solitario del salar para comer el picnic que llevábamos en el coche, también incluido en el paquete turístico. Y después lo mejor, sesión de fotos artísticas dirigidas por nuestro conductor de nombre Rommel. Pasamos un rato increíble de entretenimiento y risas.

Con un bote de cerveza, y unos muñecos de plástico con forma de cocodrilo y dinosaurio se monto un improvisado plato cinematográfico donde los actores éramos los cinco componentes del grupo. Hicimos unas fotos y un pequeño vídeo.

Acabamos haciendo una pasada por el lugar donde extraen la sal que se comercializa. Allí estaban los tantas veces fotografiados montoncitos en forma de cono y ahí mismo culminamos la gira haciéndonos una fotografía de despedida justo a nuestro conductor que resulto ser un buen guía y una mejor persona. Acabar entre risas y buen rollo fue un buen colofón a esta aventura por el maravilloso salar de Uyuni.

Añadir leyenda
Imagino que cada cual tiene sus propias sensibilidades y por lo tanto también sus propias percepciones. Particularmente, lo disfrute mucho. En ocasiones tenia la sensación de estar sobre una superficie nevada. Yo me crié en un lugar donde los inviernos eran de nevadas intensas y también las heladas. Otras veces, desde una cierta lejanía, pareciera que estabas al lado del mar. Y lo mas increíble fue al pisar la superficie pedaleando sobre la bicicleta ya que me sentí inseguro al no dejar de pensar en una capa de hielo. Me costó unos segundos adquirir la confianza necesaria.

Este  desierto de sal es un espectáculo digno de ver y sentir.



ENLACE a fotografiashttps://www.dropbox.com/sh/qf1tzir9rkr4juq/AAA_vjqZqWz4g4YYFK-QkayGa?dl=0



lunes, 29 de junio de 2015

Uyuni

Por fin en Uyuni, primero porque es otro de los lugares emblemáticos, especialmente por su desierto de sal, pero sobre todo porque los más de cien últimos kilómetros andados, se han convertido en una pesadilla al tener que pedalear por una carretera en obras, de tierra y piedra y una capa de polvo que dejo mis alforjas blancas y mis pulmones absolutamente sucios.

Esta altiplanicie, tal como vengo comentando en los últimos días, lo conforma un paraje bastante inhóspito, pero estos doscientos kilómetros hasta llegar a Uyuni son un desierto en toda regla.

Arranqué de Ouro con el amanecer. Tan temprano los negocios están cerrados así que empiezo y con suerte en algún momento aparece un puesto callejero donde comer algo.

Puesto de desayuno. Bebidas tipicas y buñuelos
En este caso pude tomar un café y comer un buñuelo tan grande como una boina vasca. Ello, sentado en un banco junto a otra gente trabajadora que inicia la jornada. Un rato de charla, preguntas de ellos sobre mi y el viaje, preguntas mías sobre la ruta, etc. Cuando me despedía, la señora del puesto se acerco discretamente para advertirme:
- Ya me tenga cuidado, eh?. La miro extrañado, ¿Porque?, pregunto. Porque le quitan la grasita de la espalda... en Challapata. Debí poner cara rara porque ella parece ruborizarse, -eso dicen, finaliza, y vuelve  a su puesto.

No había andado ni diez minutos y topo con un personaje al que no me resisto a parar y preguntarle lo que era obvio:
- Amigo, buenos días, ¿Para que sirve esto?.
Pues si, tan temprano, me encontré con un afilador y su reconocible maquina tan similar a la de los afiladores de Ourense. ¡¡Manda carallo!!

¡¡¡ Afiladooor !!!

Seguí camino muy abrigado contra el frío, igual que el afilador, y paré en Poopò, tan solo a 59 km. Tuve que hacerlo por culpa de un dolor en la ingle que me molestó bastante y no tengo idea del porqué, pero que  soporté también al día siguiente. Supongo que es cansancio acumulado.

En Poopò, aproveché y estuve de balneario. Esta zona, lo es de aguas termales, y por un módico precio me fui a dar un baño terapéutico. No se si me vino bien o mal pero lo cierto es que sufrí una ligera bajada de  tensión y salí pronto del agua.

Agua calentita y unas burbujas muy oportunas, jeje
Pazña, así se llama el siguiente pueblo. Aquí hice un alto para tomar una empanadilla al lado de unos de los controles de carretera tan típicos tanto en Perú como en Bolivia. No existen autopistas, las mejores carreteras, aunque tengan cuatro carriles, permiten circular a todo bicho viviente, incluidos ciclistas. Así que se encuentran  controles de este tipo en todas las vías donde se paga una cantidad por circular.

Ah, y un jovenzuelo de veinte años, mas cargado que una cuba a pesar de lo temprano del día, se empeño en que lo dejara "manejar" la bicicleta. Bueno, bueno, casi tengo un lío para poder quitárselo de encima.

Y más y más pedal, y mas y más desierto.

Es duro vivir entre soledad y cactus
Uno se harta de carreteras de rectas kilométricas y llanas. Es aburridísimo, y tampoco encuentras alicientes de relación humana así que en cuanto llega la oportunidad, paradita, hola, qué tal, y trato de charlar un ratillo. Como pasó al salir de Pazña; sobre las 8:30 de la mañana me encuentro a un hombre mayor que venía caminando hacia la carretera en un paraje solitario y con un frío del carajo. Lento, lentito, apoyado en dos cayados. Se llama Vicente y me contó que tiene 89 años, y dos hijos viviendo en España. Que querían llevárselo para allá pero el hombre no se ve fuera de ese agujero de mierda que él parece querer tanto y que ya asume como su lugar para acabar la vida. Le animé a irse a España, que se vaya a ver a sus nietos, que deje esa casita vieja de adobe donde vive SOLO en medio de la nada. Me miro con mirada triste y cara muy arrugadita por el frío, el sol y los años y nos despedimos, yo, hacia el siguiente pueblo, y él cruzando lentito la carretera. Que pena me dio Vicente, qué jodidamente injusta es la vida a veces.

Pernocto en Challapata donde están de mercado. Es un mercado en la calle, enorme, lleno de gente llegada de todos los pueblos del entorno.

Puesto de venta de hoja de coca


Se compra y se vende de todo en medio de un bullicio y un trajín que te dejan perplejo hasta que, con el tiempo vas cogiéndola onda. Me gusta pasear por medio de la gente, de los puestos de venta, de los cientos de perros callejeros, de los niños correteando, o subidos en carros, de mamás con pequeños atados a la espalda, de los camiones cargando y decargando, del polvo, que lo envuelve todo... Y paso montado en mi bicicleta cargado con las alforjas, y siempre hay quien te mira con curiosidad, al gringo, pero..
- que carajo hará este tipo de barba blanca jodiendo el cuerpo por el mundo adelante.
Los mas viejos son curiosos y los mas jóvenes, a veces impertinentes y otras... bueno, otras, pasas delante de ellos, te miran, cruzan palabras entre si y se ríen burlonamente. A mi, a veces me da pena, porque yo, viajero camino ampliando mundo, y ellos, pobres, viven en el suyo, que en muchos casos no va mas allá de esa conflictividad picara y burlona entre sí.

Sera difícil olvidarme de mi llagada a un pueblo con el que no contaba porque el sr. Google no me informó.  Se llama Río Mulato. Cubierto de polvo y calle de tierra seca, apareció este sitio y a mi me recordó de nuevo a algún típico paraje del Oeste americano próximo a la frontera mexicana. Casitas bajas de adobe, una calle anchisima cruzada en linea por el ferricarril, como una espina dorsal, y puestos de venta de comida. Resultó ser un punto de parada técnica para autobuses de pasajeros. 

Calle principal, y única, de Río Mulato


Me fui a uno de los tenderetes de comida, pedí un plato de esos que llevan pollo, si o si, y pasta con nosecuantascosasmas. Yo, hace tiempo que aprendí a no preguntar sobre el contenido de los platos, me limito a engullir y se acabó. Es corriente que te den un tenedor o una cuchara (como en este caso) pero no ambas cosas. Asi que, si necesitas mas herramientas usas las manitas que Dios te dio, sin lavar, claro, porque en estos puestos de calle agua no tienen, ni sitio donde mear, ni puñetera gana de atendente más allá de lo necesario. Así que pagas, comes, te manchas de grasa y te limpias donde puedes. ¿Entendido?, así son las cosas acá y así hay que aceptarlas.

Y en ese estado lamentable en el que me encontraba en medio de este paraje llegaron tres autobuses y pararon para el almuerzo. Uno de ellos, que iba en mi misma dirección, tenia las gomas de las ruedas taqueadas y eso me llamo la atención relativamente, a la vista de los caminos de tierra. Total, que pregunto y me informan que hasta Uyuni quedan unos 80 km, por una carretera en obras y polvorientas, o sea, más de lo mismo. Claro, lo primero que se me ocurre es saber si me venden un billete y lo segundo es meter la bici en el autobús a toda leche antes de que el conductor se arrepienta. Y aquí estoy, a pie del Salar de Uyuni al que visitaré en las próximas horas y al que dedicaré un espacio especial en estas notas mías.


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jueves, 25 de junio de 2015

Oruro

Últimamente las mañanas están resultando de un frío que no me esperaba, aunque la gente de aquí me dicen que irá a peor y que camino de Uyuni mucho más. Mal me lo ponen, la verdad, porque yo quiero llegar y ver y pisar el Salar. Es mi objetivo prioritario en lo que queda de viaje.

Estos dos últimos días desde La Paz hasta Oruro han resultado monótonos porque el paisaje es llano y es como viajar por Castilla, quien haya pedaleado por ahí lo entenderá. hay rectas interminables, estamos en el altiplano, a una media de 3850 m.s.n.m., de ahí que el frío siga persistiendo. Al menos no llueve y cuando el sol se pone alto hay unas horas de respiro y calorcito. En vista de ello decidí avanzar todo lo que pude y resultaron dos etapas bastantes largas que me han dejado un poco escacharrado.

Oruro es una ciudad que no me acaba de gustar, quizá sea porque lleguè casi oscureciendo y no termino de situarme, pero es muy bulliciosa. La gente por aquí es aun menos amigable que por los pueblos del camino. Supongo que como en el resto de las ciudades del mundo las personas viven a otro ritmo y les queda poco tiempo para las relaciones humanas. Pero yo me refiero a esa predisposición a la amabilidad, a la ayuda..., no acaban de convencerme, me descolocan, porque no se prestan al dialogo y además informan muy mal. Ayer mismo, pregunte la distancia a una población; las respuestas de las tres personas fueron distintas: 29 km, 20 km y 60 km. Como para fiarse.

La noticia positiva es que por primera vez desde que salí de Lima, los semáforos y los pasos de peatones son respetados; a mi que me lo expliquen porque no lo entiendo.

Lo dicho, la ruta hasta aquí anodino y aburrido. Tan solo las cosicas que vas encontrando al paso te entretienen algo. A la salida de La Paz hay colgados unos muñecos amenazantes simulando ahorcamientos para los ladrones de llantas (gomas de autos) que últimamente está muy de moda en el populoso El Alto, y hasta se han manifestado por las calles los comerciantes del sector.


Y hay quien parece que no tiene claro si se puede o no aparcar en algunos lugares así que por si acaso, te ponemos unas señales bien juntitas para que te enteres. 

¿Queda claro o pongo más señales?

¿Nieve?, no, SAL
Y voy camino de un desierto de sal así que no es extraño que ya se vislumbren zonas donde la evaporación de la humedad del terreno hace que surjan en la superficie esas manchas blancas. Imagino que serà una constante a partir de ahora.


Siguen los recuerdos para los fallecidos en la carretera. A veces te preguntas como en un lugar absolutamente desierto y en plena recta pudo pasar algo así. Pues ya sabemos como es conducir en parajes de rectas interminables: el sueño, la falta de atención etc, vete a saber, el caso es que tanto en Perú como en Bolivia esto de poner homenajes a los fallecidos es exagerado.

Modelo antiguo de WC
Acabo las curiosidades con este modelo de wc que no es exclusivo de aquí. Yo he visto algo similar en alguna aldea de Galicia hace algunas décadas. Entré en un pequeñísimo "bar" de carretera y pedí algo de beber. Nada frío en la nevera a pesar de que era mediodía y daba el sol. Bebí un Sprite calentito y fui a hacer pis a este modelito de wc tipo pozo con dos tablas estrechas a donde hube de dirigir el chorrillo. Y apunté bien, que conste, ahí queda la fotografía para demostrarlo, jajaja, cosas de llevar la cámara de fotos siempre a mano.

Hasta aquí la aburrida crónica de estos dos últimos días. A partir de mañana las poblaciones se hacen mas dispersas y tendré problemas para alojarme. A ver...

martes, 23 de junio de 2015

DEATH ROAD - Bolivia

Mi jornada del dis 22 de junio de 2015 es de esas que cualquier aficionado al ciclismo desearía hacer alguna vez en la vida. Todo se auna bajo unas condiciones ideales para practicar descenso por esta desgraciadamente legendaria carretera a la región geográfica de Los Yungas. Hablamos de una carretera de tierra y piedra que el Banco Interamericano de Desarroyo bautizo en el año 1991 como el camino mas peligroso del mundo y a la que se le conoce con el poco atractivo nombre de "Carretera de la muerte". Ello se debe a múltiples factores que han hecho que cada año se superen los 200 accidentes de promedio con casi 100 muertos.


Una carretera de unos 80 km de pendientes muy pronunciadas, con pocos guardarrailes, con un único carril que en algunos caso no supera los 3 metros y que en tiempos de lluvia pierde parte importante de su visibilidad, también por la niebla, y que recibe piedras que se desprenden desde lo mas alto. Es la única carretera de Bolivia en la que se conduce por la izquierda con el fin de dar facilidad a los vehículo que suben para que puedan saber por donde van las ruedas. Nosotros, tuvimos que detener la marcha varias veces para permitir el paso de los camiones.


Esta jornada de hoy comenzò a las 7 de la mañana cuando fuimos reunidos para ser equipados y desayunar en grupo. Nos dieron casco integral, traje completo que ejercía de chubasquero y cortavientos, rodilleras, coderas y guantes.



Después nos desplazamos en micro bus hasta una altitud de 4700 m.s.n.m. para iniciar un descenso de unos 56 km, primero sobre asfalto, lo que permitió hacernos con el manejo de unas bicicletas a las que obviamente no estamos habituados, y después entramos de lleno en el camino de tierra para arrancar los que seria una alucinante bajada de varias horas.

Como entorno, toda la bajada es de una belleza espectacular. Estamos hablando de zona selvática y por ello la vagetación es exuberante y de un verde muy intenso en todo el recorrido. De lo poco que conozco, solo la zona de Cusco tiene espacios similares. Son valles enormes con acantilados que en ocasiones cortan en vertical y que alguno de ellos ronda los 800 m. de caída.


En el trayecto hemos atravesado riachuelos, cascadas que dejan caer gotas gruesa de agua desde una altura que impresiona y que golpean con fuerza al paso, curvas de 180 grados, curvas serpenteantes, pendientes pronunciadas, etc.etc.


De todo ello, nada es posible asumir o entenderlo en todo su esplendor sin pisarlo, sin verlo y hasta oirlo. Y la sensación como ciclista es algo que te atrapa y te hace perder la noción del tiempo y hasta del peligro. Yo, que debo reconocer que nunca fui el mas valiente para moverme por el monte con la bicicleta, hoy, me he sorprendido a mi mismo bajando a un ritmo y con una intensidad que aun ahora, no acabo de creerme. Diría que es el placer absoluto, el amor por la bicicleta, la carretera, el entorno, el grupo de locos que nos juntamos, tantas y tantas cosas físicas que te ponen eufórico hasta el punto de olvidar que existen piedras, baches y curvas que son un peligro permanente. Simplemente, sueltas freno y te dejas llevar con la vista clavada en el frente y sin perder de reojo todos esos hermosísimos y muy peligrosos desniveles que quedan justito a tu izquierda y que inconscientemente hace que tu manillar gire ligeramente hacia en centro por prudencia o miedo, vete a saber. Por mi parte, pasé un buen rato de la bajada pegado tras el guia y tuve arrestos para aguantar con una dignidad que me asombra y me pone hinchado como un pavo, coño, hoy estoy todo orgulloso y flipando: He descendido por una de las carreteras mas peligrosas del mundo así que ganado y bien ganado tengo este recuerdo que nos han dado en forma de camiseta chulísima con la leyenda: " DEATH ROAD SURVIVOR", que ya estoy dudando entre ponérmela o enmarcarla y colgarla en un sitio bien visible, jeje.


Eso si, dejo constancia de que en un par de ocasiones, una sobre todo, la bicicleta me pego un vaivén con la rueda de atrás y por un momento me vi contra la pared de mi derecha. Ni la completisima equipiación que llevaba hubiese evitado romperme hasta el alma. Fue un momento de susto ya hacia el final que me hizo levantar el acelerador y centrarme en acabar entero.

Queda esto en el recuerdo y el buen ambiente entre gente que nos apasiona el deporte, especialmente con dos brasileiros con los que comparti esta experiencia y algunos ratos de conversacion, Ellos ahora se van de escalada y yo continuo mi pedaleo hacia el salar de Uyuni.

Por Dios que recomiendo la experiencia

Y mejor que yo, un profesional del periodismo y apasinado de la aventura, que en 2013 escribió en el diario El País esta misma experiencia, así pues ahí queda el enlace a su articulo donde cuenta las cosas de un modo que atrapa. Lo titula: "sobrevivir a la carretera de la muerte"
O esta otra entrada del blog de otro viajero con buenas fotografías.


Actualmente esta carretera tiene una alternativa que ha permitido que la gente de Los Yungas puedan acudir a la capital en menos tiempo y mas seguridad. Aun sigue siendo transitada por todo tipo de vehículos pero los accidente se han reducido en gran proporción.

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Quedan fotografias y video pendientes de subir

domingo, 21 de junio de 2015

La Paz (Bolivia)

Diría, por hacer un juego de palabras, que llegué a La Paz después de alguna guerra. Y las guerras surgen el el caminar diario así que empecemos.

Salí de Copacabana antes que el sol asomara. Sabia que arrancaría en subida pero no que la puñetera fuera tan larga; hasta casi 13 km., y eso, a primera hora toca las narices un rato, pero pensaba que tendría otro tanto en bajada hasta Tiquina. Hacia un frío del carajo así que parti abrigado a tope: guantes de invierto, chaqueta térmica y cubre cuello hasta las cejas.

Mucho frio a 4200 msenm
 Las piernas es raro que las tape porque no me repercute demasiado, aunque ya tengo la piel quemada y reseca.

Llegue a una altitud de 4200 metros y debo reconocer que sigo teniendo que dar grandes bocanadas en busca de oxigeno porque aun no estoy aclimatado del todo.

La bajada fue larga hasta Tiquina, en el lado bolivariano del Titicaca, ahí tuve que subir la bici a una barcaza para atravesar el estrecho.



Coincidí con un matrimonio alemán de mediana edad que iban en un enorme camión adaptado como casa y con atributos suficientes para cruzar por cualquier desierto que se les ponga por delante. Me comentaba èl que vendieron todo en Alemania para poder realizar este viaje por el mundo en aproximadamente seis años, de los cuales llevan dos por América. Comentamos cosas, sobre la gasolina tan mala que usan por acá que hace que el camión suba lentísimo las cuestas, tanto que, bromeaba èl, a su mujer le daba tiempo a recoger flores al borde de la carretera. Y còmo les recuerdan a Hitler, o còmo enseguida te sueltan el rollo del imperialismo americano y que si Evo prohibió y que si Evo no se què… si, la verdad es que son pocos pero a mi me tocò dialogar con un exmilitar y joder, que peñazo me largó.

Y todo fue bien hasta que empezó el atardecer. Me habían dicho que en Batallas tendría alojamiento, sin duda. De nuevo una mala informacion porque el pueblo es grande pero solo un sitio tenia “hospedaje”. Me enseñaron la “habitacion” y salí corriendo, cabreado y diciéndole a la encargada que aquello no se le ofrecía, ni gratis, a un ser humano. Y es verdad, vaya mierda, un colchón hundido hasta el suelo, todo viejisimo y sin sabanas. Y un vàter asqueroso situado en otra planta. Por supuesto no había ducha y claro, toalla y jabòn  para qué.

Unos kilómetros adelante decidí parar y montar la tienda a pesar de lo frías que son las noches, Vi una iglesia evangélica y un colegio al lado; la idea era pedir permiso para dormir dentro pero me informaron que llegaría muy tarde el encargado. Todas estas gestiones las hice con Oscar, un vecino, quien después de charlar un rato conmigo y, supongo yo, que visto que el viajero era un tipo de fiar, me ofreció un espacio en su casa. Y ahí pasè la noche, dentro de mi saco sobre un camastro y con unas mantas que me dejò. Muchas gracias a este chico y gracias generalizadas una vez màs al ser humano mas sencillo que es quien siempre esta ahi para echar una mano.

HACIA LA CAPITAL

Domingo, fiesta por serlo y festivo porque es el día del padre y además se celebra el Año Nuevo Andino, aunque como me decían hoy en una agencia, eso es una fiesta política del Evo.

De nuevo salí temprano. Pisè terreno blanquecino por la escarcha, me recibiò un frío de mil demonios y un ligero airecillo que llegaba frontalmente desde las montañas nevadas que flanquean la ciudad de La Paz hacia donde me dirigía. Trafico, trafico y trafico, una locura de vehículos conducidos por clones de los conductores peruanos, o sea, unos sinvergüenzas al volante. De nuevo jure y me cague en todo y en todos por lo irrespetuosos y salvajes que son conduciendo. Con todo el mundo que hablo están de acuerdo, y es que como me decían dos chicos esta mañana mientras les preguntaba “…ya, aùn estamos muy atrás”, muy retrasados en respeto, se refería. Lo siento, pero debo decir que en educación vial están bien jodidos pero en en educación cívica no aprueban ni el diez por ciento de los conductores con los que me he topado. A ver si aprenden de sus compatriotas de a pie que siempre me saludan y me animan con una enorme amabilidad.

Y de pronto llego a lo que yo creía un pueblo grande, en realidad las afueras de la capital. Y como estaban en fiestas era el mayor caos que vi nunca, así que parè, dejè la bici en la acera y me senté en uno de esos chiringuito callejeros donde venden comida de una forma que no pasaría el mas mínimo control sanitario.


 Le pido a la mujer un plato de “aquello”, un popurrí de pasta carne, y otras cosa que no conozco. A mi lado, dos perros esperando cacho, en mi entorno todos comemos en silencio, otra mujer lava los platos con jabón en un barreño y los “aclara” en otro con agua. El “gringo” al que todos miran, acaba de comer, paga y se va. Voy a una tiendecita, pregunto si tiene botellas de agua de medio litro, me mira y me dice “tres bolivianos y medio”, pongo cara de mala leche, la miro y le digo “he preguntado si tiene gua, no su precio”.



La compro y sigo entre una maraña de gente cruzando corriendo entre coches y humos negros, perros por todas partes buscándose la vida, cientos de personas al borde le la carretera esperando un transporte de los tantos y tantos que hay… y lo que mas me jode, niños trabajando.


 Ahí estaba un chaval de unos ocho años, en medio de la carretera con un cubo lleno de algunas golosina de colores ofreciendolos a los conductores de ambos lados. No es el primer crío que veo en Bolivia trabajando. Mas adelante, en la capital, mientras sacaba una foto a una estatua del Chè, otros dos niños ejercían de limpiabotas.


Cuarenta y cinco kilómetros faltaban hasta La Paz cuando empecé mi calvario particular en una carretera en proceso de ampliación. Al director de esta obra habría que arrastrarlo con el culo sobre ese suelo intransitable que tienen los desvíos. Baches, piedras, polvo. Es inhumano, y por si fuera poco hay cortes a la derecha de mas de un metro, sin arcén donde cobijarse. Pero la madre del cordero son un montón de piedras colocadas intencionadamente para que no pise nadie determinadas zonas.

¿Quièn serìa el cabeza pensante?
 Unas piedras grandes que si un coche tiene la desgracia de pisar le deja los bajos hechos papilla. Y para partirse de risa es que en un punto concreto aparece un "pago de peaje", lo que en realidad debería ser un "disculpes las molestias" se convierte en un cobro no se bien porqué, aunque obviamente yo pasè gratis. Lo dicho, un animal con titulo este tipo o tipos que dirigen la obra.

Había coches con pinchazos, es absolutamente normal, algún santo se apiadó de mí y permitió que mis ruedas ni reventaran ni pincharan. !!Loado sea el Santo¡¡

Y para que contar más. A esto me refería cuando dije lo de las guerra antes de llegar a La Paz. La salida de Lima, que tanto miedo me dio, es una broma comparado con lo de hoy.

Como curiosidad y dedicado a mis colegas telefónicos les dejo un par de instantáneas de cómo son algunas instalaciones de acometida telefónicas en la actualidad.


Yo juro que en todos mis años de profesional, jamas vi semajante cosa. Aquí, para arreglar una avería debes ser mas adivino que técnico, joder que galimatías.

He cogido un hotel con todos los servicio y barato y ya tengo el boleto para mi jornada en bicicleta en la bajada por la llamada “carretera de la muerte”, legendaria por su peligrosidad en otros tiempos. Mañana sabré como es actualmente.

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