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sábado, 4 de julio de 2015

SALAR DE UYUNI (todo un desierto)

El salar de Uyuni es el mayor desierto de sal continuo y alto del mundo, con una superficie de 10 582 km².

El Salar de Uyuni, es sin lugar a duda uno de los grandes iconos de Bolivia, quizá el que más para una gran mayoría de viajeros. Es por mèrito propio algo sorprendente, grande, hermoso; aquí, la Naturaleza se ha lucido y nadie que lo visite se queda indiferente.

Yo elegí venir hasta el Salar a propósito, aunque ello me ha costado sudores y tragar polvo de una carretera en obras y que transcurre por el altiplano, llano y desértico. Podría haber llegado directamente en bicicleta pero después de sopesarlo bien opte por un paquete de una agencia local que me ofrecía ver cosas que de otro modo seria mucho mas complicado. De todos modos pude llevar mi propia bicicleta y rodar sobre la superficie de sal y participar de esas raras sensaciones que se perciben.


Pasadas las 10:30 de la mañana, partimos en el 4x4 de la empresa Oasis. Éramos cinco personas con el mismo deseo de pasar casi dos días dentro del salar: Dos chicas uruguayas, dos jovencísimas japonesas azafatas de Kuwait Airlines y yo mismo, en plan lobo solitario. El coche y el conductor estuvieron a nuestra entera disposición hasta el día siguiente que nos devolvió a Uyuni sobre las cinco de la tarde.

Iniciamos la gira yendo de visita al cementerio de trenes.

Ahora son tan solo un montón de chatarra oxidada con tintes fantasmagóricos. Antes formaron parte de un pasado industrial que no llegó a prosperar y que hoy son destino turístico de todos los visitantes de Uyuni.

Partimos después hacia Colchani, lugar de entrada al Salar.



Parada obligada para que se compren recuerdos “hechos” de sal; lo entrecomillo porque según me dicen es una mezcla de sal y cemento blanco, cosa que suelen callar para que el turista no se sienta decepcionado y no deje de comprar. Y como todo es un mercadeo ya te avisa el conductor que ir aquí al baño te va a costar 2 bolivianos y en el salar 5. Allí todo es mas caro, descaradamente, así que había que aprovisionarse de agua.

Continuamos viaje y nos detuvimos a tomar el almuerzo en un antiguo hotel hecho de sal que se ha quedado convertido en un modesto museo de unas mas que modestas creaciones de animales y otros objetos hechos de sal, en este caso sin la mezcla del mencionado cemento. Hay un monumento dedicado al Rally Dakar así que la sesión de fotos comenzó ahí y continuó en un lugar donde los viajeros van dejando banderas de sus países clavadas en el suelo. El almuerzo lo puso la organización y fue de lo mas frugal y frío. Al menos probé la carne de llama por primera vez.


A continuación visitamos lo que para mi es la joya del Salar de Uyuni: La Isla Incahuasi (casa del inca).



Hubo que pagar 30 bolivianos para entrar en ella pero merece la pena por ver esa enorme cantidad de cactus de hasta ocho metros y las vistas que se divisan desde su punto mas altode la isla.


Y continuamos viaje por una hora camino del albergue de pernocta, dentro del salar, en el poblado que hay a pie del volcán Thunupa. Cena, acostarse tempranito, pasar frío porque las condiciones del albergue son bastante malas (hay que llevar saco de dormir) y a madrugar para ver el amanecer.

Cena de mi grupo y tres hermanas mexicanas residentes en Texas
Mi vecina de habitaciòn ataviada para dormir bajo un intensisimo frio
A las seis de la madrugada sonaron las alarmas y partimos hacia el salar a la espera de que apareciera el sol. La dos chicas japonesas se dieron la vuelta pues hacia una temperatura muy baja y ellas carecían de ropa de abrigo. Lo cierto es que estaban muy mal informadas y llegaron sin el equipo adecuado. Y afortunadamente para ellas, Marina, una de las uruguayas hablaba ingles a muy buen nivel, porque la organización no tuvo en cuenta su falta de comprensión del español.

El amanecer es espléndido pero ninguna imagen de las que tomamos puede hacer justicia. Es un momento efímero pero lleno de contrastes y tonos anaranjados que bien mereció la espera y el frio.


La siguiente actividad fue subir en el todo terreno varios cientos de metros por la ladera del volcán para visitar una cueva que conserva esqueletos de una familia que vivió allí hace no se cuantos cientos de años. Me pareció interesante aunque un poco macabro.

Lo mejor eran las vistas sobre esa enorme superficie blanca que invitaban a sentarse sobre una roca y contemplarlo bajo el calor del sol de la mañana. Fantástico¡¡.

Comenzamos la retirada hacia la ciudad parando en un punto solitario del salar para comer el picnic que llevábamos en el coche, también incluido en el paquete turístico. Y después lo mejor, sesión de fotos artísticas dirigidas por nuestro conductor de nombre Rommel. Pasamos un rato increíble de entretenimiento y risas.

Con un bote de cerveza, y unos muñecos de plástico con forma de cocodrilo y dinosaurio se monto un improvisado plato cinematográfico donde los actores éramos los cinco componentes del grupo. Hicimos unas fotos y un pequeño vídeo.

Acabamos haciendo una pasada por el lugar donde extraen la sal que se comercializa. Allí estaban los tantas veces fotografiados montoncitos en forma de cono y ahí mismo culminamos la gira haciéndonos una fotografía de despedida justo a nuestro conductor que resulto ser un buen guía y una mejor persona. Acabar entre risas y buen rollo fue un buen colofón a esta aventura por el maravilloso salar de Uyuni.

Añadir leyenda
Imagino que cada cual tiene sus propias sensibilidades y por lo tanto también sus propias percepciones. Particularmente, lo disfrute mucho. En ocasiones tenia la sensación de estar sobre una superficie nevada. Yo me crié en un lugar donde los inviernos eran de nevadas intensas y también las heladas. Otras veces, desde una cierta lejanía, pareciera que estabas al lado del mar. Y lo mas increíble fue al pisar la superficie pedaleando sobre la bicicleta ya que me sentí inseguro al no dejar de pensar en una capa de hielo. Me costó unos segundos adquirir la confianza necesaria.

Este  desierto de sal es un espectáculo digno de ver y sentir.



ENLACE a fotografiashttps://www.dropbox.com/sh/qf1tzir9rkr4juq/AAA_vjqZqWz4g4YYFK-QkayGa?dl=0



lunes, 29 de junio de 2015

Uyuni

Por fin en Uyuni, primero porque es otro de los lugares emblemáticos, especialmente por su desierto de sal, pero sobre todo porque los más de cien últimos kilómetros andados, se han convertido en una pesadilla al tener que pedalear por una carretera en obras, de tierra y piedra y una capa de polvo que dejo mis alforjas blancas y mis pulmones absolutamente sucios.

Esta altiplanicie, tal como vengo comentando en los últimos días, lo conforma un paraje bastante inhóspito, pero estos doscientos kilómetros hasta llegar a Uyuni son un desierto en toda regla.

Arranqué de Ouro con el amanecer. Tan temprano los negocios están cerrados así que empiezo y con suerte en algún momento aparece un puesto callejero donde comer algo.

Puesto de desayuno. Bebidas tipicas y buñuelos
En este caso pude tomar un café y comer un buñuelo tan grande como una boina vasca. Ello, sentado en un banco junto a otra gente trabajadora que inicia la jornada. Un rato de charla, preguntas de ellos sobre mi y el viaje, preguntas mías sobre la ruta, etc. Cuando me despedía, la señora del puesto se acerco discretamente para advertirme:
- Ya me tenga cuidado, eh?. La miro extrañado, ¿Porque?, pregunto. Porque le quitan la grasita de la espalda... en Challapata. Debí poner cara rara porque ella parece ruborizarse, -eso dicen, finaliza, y vuelve  a su puesto.

No había andado ni diez minutos y topo con un personaje al que no me resisto a parar y preguntarle lo que era obvio:
- Amigo, buenos días, ¿Para que sirve esto?.
Pues si, tan temprano, me encontré con un afilador y su reconocible maquina tan similar a la de los afiladores de Ourense. ¡¡Manda carallo!!

¡¡¡ Afiladooor !!!

Seguí camino muy abrigado contra el frío, igual que el afilador, y paré en Poopò, tan solo a 59 km. Tuve que hacerlo por culpa de un dolor en la ingle que me molestó bastante y no tengo idea del porqué, pero que  soporté también al día siguiente. Supongo que es cansancio acumulado.

En Poopò, aproveché y estuve de balneario. Esta zona, lo es de aguas termales, y por un módico precio me fui a dar un baño terapéutico. No se si me vino bien o mal pero lo cierto es que sufrí una ligera bajada de  tensión y salí pronto del agua.

Agua calentita y unas burbujas muy oportunas, jeje
Pazña, así se llama el siguiente pueblo. Aquí hice un alto para tomar una empanadilla al lado de unos de los controles de carretera tan típicos tanto en Perú como en Bolivia. No existen autopistas, las mejores carreteras, aunque tengan cuatro carriles, permiten circular a todo bicho viviente, incluidos ciclistas. Así que se encuentran  controles de este tipo en todas las vías donde se paga una cantidad por circular.

Ah, y un jovenzuelo de veinte años, mas cargado que una cuba a pesar de lo temprano del día, se empeño en que lo dejara "manejar" la bicicleta. Bueno, bueno, casi tengo un lío para poder quitárselo de encima.

Y más y más pedal, y mas y más desierto.

Es duro vivir entre soledad y cactus
Uno se harta de carreteras de rectas kilométricas y llanas. Es aburridísimo, y tampoco encuentras alicientes de relación humana así que en cuanto llega la oportunidad, paradita, hola, qué tal, y trato de charlar un ratillo. Como pasó al salir de Pazña; sobre las 8:30 de la mañana me encuentro a un hombre mayor que venía caminando hacia la carretera en un paraje solitario y con un frío del carajo. Lento, lentito, apoyado en dos cayados. Se llama Vicente y me contó que tiene 89 años, y dos hijos viviendo en España. Que querían llevárselo para allá pero el hombre no se ve fuera de ese agujero de mierda que él parece querer tanto y que ya asume como su lugar para acabar la vida. Le animé a irse a España, que se vaya a ver a sus nietos, que deje esa casita vieja de adobe donde vive SOLO en medio de la nada. Me miro con mirada triste y cara muy arrugadita por el frío, el sol y los años y nos despedimos, yo, hacia el siguiente pueblo, y él cruzando lentito la carretera. Que pena me dio Vicente, qué jodidamente injusta es la vida a veces.

Pernocto en Challapata donde están de mercado. Es un mercado en la calle, enorme, lleno de gente llegada de todos los pueblos del entorno.

Puesto de venta de hoja de coca


Se compra y se vende de todo en medio de un bullicio y un trajín que te dejan perplejo hasta que, con el tiempo vas cogiéndola onda. Me gusta pasear por medio de la gente, de los puestos de venta, de los cientos de perros callejeros, de los niños correteando, o subidos en carros, de mamás con pequeños atados a la espalda, de los camiones cargando y decargando, del polvo, que lo envuelve todo... Y paso montado en mi bicicleta cargado con las alforjas, y siempre hay quien te mira con curiosidad, al gringo, pero..
- que carajo hará este tipo de barba blanca jodiendo el cuerpo por el mundo adelante.
Los mas viejos son curiosos y los mas jóvenes, a veces impertinentes y otras... bueno, otras, pasas delante de ellos, te miran, cruzan palabras entre si y se ríen burlonamente. A mi, a veces me da pena, porque yo, viajero camino ampliando mundo, y ellos, pobres, viven en el suyo, que en muchos casos no va mas allá de esa conflictividad picara y burlona entre sí.

Sera difícil olvidarme de mi llagada a un pueblo con el que no contaba porque el sr. Google no me informó.  Se llama Río Mulato. Cubierto de polvo y calle de tierra seca, apareció este sitio y a mi me recordó de nuevo a algún típico paraje del Oeste americano próximo a la frontera mexicana. Casitas bajas de adobe, una calle anchisima cruzada en linea por el ferricarril, como una espina dorsal, y puestos de venta de comida. Resultó ser un punto de parada técnica para autobuses de pasajeros. 

Calle principal, y única, de Río Mulato


Me fui a uno de los tenderetes de comida, pedí un plato de esos que llevan pollo, si o si, y pasta con nosecuantascosasmas. Yo, hace tiempo que aprendí a no preguntar sobre el contenido de los platos, me limito a engullir y se acabó. Es corriente que te den un tenedor o una cuchara (como en este caso) pero no ambas cosas. Asi que, si necesitas mas herramientas usas las manitas que Dios te dio, sin lavar, claro, porque en estos puestos de calle agua no tienen, ni sitio donde mear, ni puñetera gana de atendente más allá de lo necesario. Así que pagas, comes, te manchas de grasa y te limpias donde puedes. ¿Entendido?, así son las cosas acá y así hay que aceptarlas.

Y en ese estado lamentable en el que me encontraba en medio de este paraje llegaron tres autobuses y pararon para el almuerzo. Uno de ellos, que iba en mi misma dirección, tenia las gomas de las ruedas taqueadas y eso me llamo la atención relativamente, a la vista de los caminos de tierra. Total, que pregunto y me informan que hasta Uyuni quedan unos 80 km, por una carretera en obras y polvorientas, o sea, más de lo mismo. Claro, lo primero que se me ocurre es saber si me venden un billete y lo segundo es meter la bici en el autobús a toda leche antes de que el conductor se arrepienta. Y aquí estoy, a pie del Salar de Uyuni al que visitaré en las próximas horas y al que dedicaré un espacio especial en estas notas mías.


ENLACE a fotografías




jueves, 25 de junio de 2015

Oruro

Últimamente las mañanas están resultando de un frío que no me esperaba, aunque la gente de aquí me dicen que irá a peor y que camino de Uyuni mucho más. Mal me lo ponen, la verdad, porque yo quiero llegar y ver y pisar el Salar. Es mi objetivo prioritario en lo que queda de viaje.

Estos dos últimos días desde La Paz hasta Oruro han resultado monótonos porque el paisaje es llano y es como viajar por Castilla, quien haya pedaleado por ahí lo entenderá. hay rectas interminables, estamos en el altiplano, a una media de 3850 m.s.n.m., de ahí que el frío siga persistiendo. Al menos no llueve y cuando el sol se pone alto hay unas horas de respiro y calorcito. En vista de ello decidí avanzar todo lo que pude y resultaron dos etapas bastantes largas que me han dejado un poco escacharrado.

Oruro es una ciudad que no me acaba de gustar, quizá sea porque lleguè casi oscureciendo y no termino de situarme, pero es muy bulliciosa. La gente por aquí es aun menos amigable que por los pueblos del camino. Supongo que como en el resto de las ciudades del mundo las personas viven a otro ritmo y les queda poco tiempo para las relaciones humanas. Pero yo me refiero a esa predisposición a la amabilidad, a la ayuda..., no acaban de convencerme, me descolocan, porque no se prestan al dialogo y además informan muy mal. Ayer mismo, pregunte la distancia a una población; las respuestas de las tres personas fueron distintas: 29 km, 20 km y 60 km. Como para fiarse.

La noticia positiva es que por primera vez desde que salí de Lima, los semáforos y los pasos de peatones son respetados; a mi que me lo expliquen porque no lo entiendo.

Lo dicho, la ruta hasta aquí anodino y aburrido. Tan solo las cosicas que vas encontrando al paso te entretienen algo. A la salida de La Paz hay colgados unos muñecos amenazantes simulando ahorcamientos para los ladrones de llantas (gomas de autos) que últimamente está muy de moda en el populoso El Alto, y hasta se han manifestado por las calles los comerciantes del sector.


Y hay quien parece que no tiene claro si se puede o no aparcar en algunos lugares así que por si acaso, te ponemos unas señales bien juntitas para que te enteres. 

¿Queda claro o pongo más señales?

¿Nieve?, no, SAL
Y voy camino de un desierto de sal así que no es extraño que ya se vislumbren zonas donde la evaporación de la humedad del terreno hace que surjan en la superficie esas manchas blancas. Imagino que serà una constante a partir de ahora.


Siguen los recuerdos para los fallecidos en la carretera. A veces te preguntas como en un lugar absolutamente desierto y en plena recta pudo pasar algo así. Pues ya sabemos como es conducir en parajes de rectas interminables: el sueño, la falta de atención etc, vete a saber, el caso es que tanto en Perú como en Bolivia esto de poner homenajes a los fallecidos es exagerado.

Modelo antiguo de WC
Acabo las curiosidades con este modelo de wc que no es exclusivo de aquí. Yo he visto algo similar en alguna aldea de Galicia hace algunas décadas. Entré en un pequeñísimo "bar" de carretera y pedí algo de beber. Nada frío en la nevera a pesar de que era mediodía y daba el sol. Bebí un Sprite calentito y fui a hacer pis a este modelito de wc tipo pozo con dos tablas estrechas a donde hube de dirigir el chorrillo. Y apunté bien, que conste, ahí queda la fotografía para demostrarlo, jajaja, cosas de llevar la cámara de fotos siempre a mano.

Hasta aquí la aburrida crónica de estos dos últimos días. A partir de mañana las poblaciones se hacen mas dispersas y tendré problemas para alojarme. A ver...